Los expertos aseguran que la producción mundial de alimentos alcanza para abastecer a toda la población. Sin embargo, con el nivel actual de desarrollo, nunca hubo tanta hambre en el mundo. Las razones de una escasez manipulada y acaso generada por los que manejan el mercado de los agronegocios.
impredeciblemente, de la noche a la mañana, los alimentos empezaron a ser un problema. Primero fue la guerra de la tortilla en México; luego, en septiembre de 2007, la huelga de los spaghetti en Italia; más tarde, en diciembre, hubo escasez y aumento de precios de los alimentos en Venezuela.
Cada país creyó, en un principio, que se trataba de una crisis local. Pero a comienzos de 2008 las manifestaciones de protestas por los aumentos se sucedieron en Haití, Filipinas, Yemen, Indonesia, Marruecos, Senegal y unos veinte países pobres más. En Pakistán y Tailandia el ejército patrulla las calles de las barriadas en ayuno forzado. En Camerún la represión a los hambrientos dejó un saldo de cien muertos. Incluso en el Primer Mundo, el de la abundancia, la noticia ocupó el horario central de los canales de TV y quedó claro que se trataba de una crisis global.
En 2006, los alimentos aumentaron un promedio del ocho por ciento. Pero en 2007 se triplicó: fue un 24 por ciento. Y en el primer trimestre de 2008, en comparación con el mismo trimestre del año anterior, la suba fue del 53 por ciento. La FAO, la agencia de Naciones Unidas que se ocupa de los alimentos, llegó a anunciar con total desparpajo que en los próximos años la comida aumentará un 80 por ciento.
¿Quién empuja los precios? ¿Quién se beneficia con estos aumentos? En los noticieros de la TV de EE.UU., con titulares catástrofe que despertaban en el espectador un miedo primitivo de hambrunas y guerras, se aprovechaba la coyuntura para desprestigiar a algunos países enemigos.
En febrero y marzo de 2008, la TV norteamericana asociaba el aumento de la comida con el precio ascendente del crudo (responsabilizando y simultáneamente ejerciendo presión sobre países petroleros como Irán y Venezuela).
En cuanto a la posible escasez de comida, los locutores televisivos
apuntaban al éxito económico de China e India, sugiriendo
que ahora arrasarían con todo. Desde la FAO, un organismo
que supuestamente no debería discriminar ni hacer
política, se echaba leña al fuego. “Ese mundo nuevo ha empezado
a comer y de repente no hay comida para todos”, asustaba el subdirector
de la entidad, el catalán José María Sumpsi.
(...Continúa en la Revista)
Telma Luzzani