El 75 por ciento de los medicamentos que se consumen en el país se producen localmente. La industria farmacéutica nacional mueve cinco mil millones de dólares anuales y busca expandirse a otros mercados.
La industria farmacéutica argentina goza de buena salud y viene batallando, con relativo éxito, la pulseada con las poderosas multinacionales que tienen presencia en el país. A diferencia de lo que ocurre en muchas economías latinoamericanas, los laboratorios de capital argentino capturan más de la mitad del mercado, en una industria en la que tienen gran peso la innovación y las tecnologías de avanzada. Incluso la meneada ley de patentes, sancionada en octubre de 2000 y que se suponía iba a beneficiar a las multis, no logró revertir la tendencia a la consolidación de los laboratorios nacionales en el mercado local.
Hoy, tres de cada cuatro medicamentos que se venden en la Argentina se fabrican en el país; 74,8 por ciento para ser más precisos, según los últimos datos oficiales. Si bien la mayoría de los laboratorios extranjeros presentes en el mercado tiene plantas de producción aquí, es notoria la impronta del capital nacional en el sector. Con una participación de mercado (en ventas) que ronda el 60 por ciento, el avance de la industria farmacéutica local se basa en la fortaleza de sus marcas y en sólidas estrategias de comercialización, con una extensa red de agentes de promoción médica.
En 2011 el mercado farmacéutico argentino movió la friolera de cinco mil millones de dólares. El último relevamiento del Indec señala que la facturación total trepó el año último a 17.900 millones de pesos, un incremento del 26,1 por ciento respecto de 2010. Pero el dato más interesante es el impulso que tuvieron las ventas al mercado interno (30,6 por ciento anual). En ese marco, también experimentaron un salto las exportaciones, que llegaron en 2011 a 806 millones de dólares, el mayor registro histórico (16,8 por ciento de alza interanual).
Un informe de la consultora Abeceb.com sostiene que la participación local en las ventas –recordemos, 74,8 por ciento– “es por el aumento de la demanda interna y las mayores dificultades para importar algunos medicamentos”, en especial aquellos que tengan uno similar fabricado localmente. Esto ha generado –según Abeceb– dos efectos en el mercado: por un lado, “se produjo un faltante de diversos medicamentos de marca, aunque no un desabastecimiento, ya que existe el similar nacional”; y por el otro, “los laboratorios locales han ganado participación en el mercado”.
De todos modos, hay un núcleo duro en las importaciones que es virtualmente imposible revertir. Mauricio Claverí, economista de Abeceb.com, explica que la restricción a la importación de productos farmacéuticos básicamente es para bienes terminados, no para insumos (principios activos). Y esto es así porque “la mayoría de estos insumos vienen de India o China, por un tema de costos y también de investigaciones que se hicieron en especial en medicamentos biotecnológicos”, la nueva generación de remedios a nivel mundial.
Así, mientras las importaciones en 2010 habían crecido un 30 por ciento, durante el último año se desaceleraron al 14,4 por ciento (1.790 millones de dólares), producto de las trabas a las importaciones. Pero esta tendencia es volátil. El informe de Abeceb señala que “durante los primeros dos meses del año 2012, y si bien es muy pronto para sacar conclusiones de largo plazo, las exportaciones se ralentizaron y se aceleraron fuertemente las importaciones”. Claverí destaca que “a veces la sustitución de productos farmacéuticos no es tan sencilla porque hay patentes, aprobaciones e incluso puede haber distintos modos de administración del remedio, que dificulten el camino”.
Sobre la restricción de importaciones farmacéuticas, el Monitor Sectorial elaborado por la consultora Claves subraya que “a diferencia de lo que ocurre con el consumidor (que no puede acceder a productos terminados) esta situación es beneficiosa para los laboratorios locales, que pueden encontrar allí nuevos mercados a largo plazo, si logran desarrollar ciertos medicamentos que hasta el momento deben importarse”. Y agrega: “En este sector la I&D (investigación y desarrollo) son fundamentales para que el sector pueda consolidarse en el largo plazo y que los grandes laboratorios no estén tan sujetos a los desarrollos en sus casas matrices”.
MUNDO EMERGENTE
La industria local está bien posicionada a nivel mundial, dice Claverí. “La Argentina es considerada un país farma-emergente y es tenida en cuenta por el resto del mundo en esa posición”, indica el economista. La inclusión de un país en esa categoría está relacionada con factores como el desarrollo productivo de la industria farmacéutica local, una tasa de crecimiento por encima de la media global y las posibilidades de expansión a otros mercados.
En el mundo emergente farmacéutico el líder indiscutido es China, que en los últimos años ha capturado la parte del león en las inversiones internacionales. Un segundo grupo está integrado por el resto de los Bric (Brasil, India y Rusia), en tanto que en el último segmento están países como la Argentina, Turquía, Singapur o México.
Pero aquí una cuestión clave es el entorno de negocios. “La cuestión más importante para el desarrollo de este sector es el clima interno de negocios, cómo se favorecen las inversiones, y ahí la Argentina hoy es vista con relativa incertidumbre. De todos modos, las multinacionales han hecho inversiones en plantas nuevas o ampliaciones”, señala Claverí. Y pronostica: “Si los laboratorios ven que hay crecimiento y opciones de desarrollar negocios, van a venir”.
Por su parte, Carlos Vassallo, docente en las universidades del Litoral y de Bologna y especialista en políticas y gestión de salud, afirma que “las multinacionales no consideran a la Argentina como un mercado que sea potencialmente importante, es un mercado emergente pero los dos mercados farma-emergentes más consolidados son México y Brasil”. Pero aclara que lo más relevante para la industria argentina es la tendencia. “Lo que sí ha pasado es que varios laboratorios nacionales (Bagó, Roemmers, Elea) que estaban en la región ya se han expandido (en inversiones y comercio) y están teniendo un juego más fuerte.”
Justamente, esta parece ser la clave de los tiempos por venir, y de hecho la propia Cámara Industrial de Laboratorios Farmacéuticos Argentinos (Cilfa), que reúne a las firmas con predominio de capital nacional, acaba de nombrar como director general a Alfredo Chiaradía, ex embajador en Estados Unidos y ex secretario de Relaciones Internacionales de la Cancillería argentina.
“Hay una tendencia entre los laboratorios nacionales a la transnacionalización, a empezar a posicionarse, sobre todo en medicamentos biológicos (vacunas, oncológicos). Son productos con un costo muy alto de producción pero en los que la investigación está centrada en pequeños laboratorios”, destaca Vassallo.
En cuanto al desarrollo del comercio exterior, el economista admite que “hay un pensamiento estratégico porque la industria sabe que para las dimensiones de lo que quiere alcanzar, el mercado argentino no es suficiente, y tampoco lo es Brasil, donde hay muchas dificultades para entrar”.
Al respecto, Brasil y la Argentina están explorando trabajar en conjunto, en los sectores público y privado, en criterios de asociatividad para la fabricación de productos farmacéuticos de base biotecnológica, un segmento de mercado en el que los dos países han hecho avances importantes.
Por Carlos Boyadjián