Con la incorporación de Venezuela al Mercosur se completa el enorme potencial de ese organismo que ya contaba con la Argentina, Brasil, Uruguay y Paraguay. La región se coloca así en una buena posición negociadora frente a un mundo cada vez más incierto.
Hugo Chávez, el presidente venezolano, parafraseó al libertador Simón Bolívar y su sueño revolucionario de una “esfera perfecta”. Un eje fortalecido cruzando América latina del Caribe a la Patagonia. Y Dilma Rousseff, su par brasileña, lo llevó a un plano más pragmático: “El Mercosur, con su PBI regional sumando a Venezuela (un total de 3,3 billones de dólares), se convierte en la quinta economía del mundo detrás de EE.UU., China, Japón y Alemania”. Para la argentina Cristina Fernández de Kirchner, el guiño de bienvenida decantó por la poesía: “Bolívar murió diciendo que ‘había arado en el mar’. En cambio vos –viró hacia el líder bolivariano–, vos pudiste arar en la tierra para que florecieran mil flores”.
Como se lo enmarque, el Mercosur gana, con el fichaje venezolano, una variable clave para cerrar una armónica ecuación: la mayor reserva de crudo (Faja del Orinoco), el más grande receptáculo de biodiversidad (Amazonas) y dos de los productores alimenticios líderes (Brasil y Argentina), uno de ellos miembro del Bric y ambos del G-20, en tiempos en los que los granos cotizan en alza. Petróleo, alimentos y ciencia. Y, a cambio, un mercado de 270 millones de consumidores, el 70 por ciento de la población sudamericana, para comercializar con el mundo.
“La incorporación de Venezuela se enrola en una serie de decisiones políticas de la última década en pos de una región que logre posicionarse geopolíticamente en un lugar de privilegio en base a la acumulación de recursos naturales estratégicos y a un desarrollo integral de sus pueblos con autonomía. América del Sur es hoy un laboratorio viviente de respuestas alternativas al capitalismo financiero”, explicó a Caras y Caretas la politóloga e investigadora de la UBA Daniela Perrotta, especializada en procesos de integración.
Caracas se presenta además como una bisagra natural con el mercado centroamericano cuya atención supo cautivar durante los últimos años a través de la Alianza Bolivariana (Alba) mediante el petróleo barato. Un puerto que multiplica las posibilidades del Mercosur bosquejando un nuevo mercado continental.
Cambios. En su último documento como alto representante del Mercosur, Samuel Pinheiro Guimarães exhortó a las autoridades mercosureñas a priorizar la ampliación del bloque como estrategia defensiva en un mundo multipolar donde los desarrollados imponen sus intereses comerciales. La única alternativa viable es el Mercosur: “La Unasur, a pesar de su importancia política, no puede ser la piedra fundamental para la construcción. Chile, Colombia y Perú adoptaron estrategias que llevaron a la adopción de ciertas normas comerciales, de inversiones, de capital extranjero, de propiedad intelectual, etc. que dificultan e incluso imposibilitan la construcción de políticas regionales de promoción de desarrollo. El bloque económico de América del Sur tendrá que formarse a partir de la expansión gradual del Mercosur, con la incorporación de Venezuela y el ingreso de Ecuador, Bolivia, Surinam y Guyana”, propuso el brasileño.
Deisy Ventura, profesora del Instituto de Relaciones Internacionales de la Universidad de San Pablo, coincidió en que el mayor peligro es la inacción: “Hace años el bloque se encuentra en una suerte de latencia, más dañosa que las disputas comerciales o los cruces políticos. La falta de voluntad política de los Estados hace del descanso un riesgo más grande que las crisis”, fundamentó ante esta revista. En tal sentido, el “Mercosur gana con Venezuela porque puede minimizar el desequilibrio entre las economías del bloque y traer nuevo aliento al proceso”.
No todo es ganancia para Caracas en su ingreso en el club del Sur. Particularmente, algunos sectores de su industria resentirán la competencia despareja con la irrupción de productos y bienes de sus socios comerciales más grandes una vez que el gobierno cumpla el debido proceso de desgravación tarifaria y adopción del arancel externo común (la barrera aduanera consensuada para cualquier producto extra-Mercosur) en un período de cuatro años.
Por caso, la Cámara de Fabricantes Venezolanos de Productos Automotores (Favenpa) ya solicitó excluirse ante el temor de ser desplazada por sus pares argentinos y brasileños. Según sus autoridades, requieren una transición de cinco a diez años para lograr condiciones de igualdad competitiva: en 2010, Brasil produjo 34 veces más vehículos que Venezuela y exportó 1.100 veces más autopartes, mientras que la Argentina fabricó ocho veces más y exportó doscientas veces más que el socio bolivariano. Abrir las fronteras de modo abrupto es sentenciarlos a una muerte por sangría, le manifestaron a Chávez.
Esta asimetría entre países de diverso tamaño y recursos es uno de los problemas originales del Mercosur desde su creación como bloque económico en 1991. En términos de productividad, Brasil concentra el 65 por ciento del PBI regional, seguido por un 21 de la Argentina, casi un dos de Uruguay y el uno por ciento del Paraguay. Venezuela se quedará con el 11 restante. ¿Cómo corregir este déficit? En Brasilia comenzaron a darse los primeros pasos, aún tímidos, con el novedoso Fondo de Convergencia Estructural para reducir las asimetrías entre los miembros plenos. Mientras, Caracas ya conformó su propia Comisión Presidencial del Mercosur (ministerios + sector productivo) que recomendará a Miraflores cómo liberar su economía en forma gradual frente al bloque.
SOCIO AUSENTE
Quienes discrepan del ingreso de Venezuela ponen el acento en el protagonismo internacional –en ocasiones excesivo– de Chávez. Fue uno de los argumentos utilizados por el Congreso paraguayo opositor, durante la gestión de Fernando Lugo, para trabar su entrada y en igual sentido se expresó Federico Franco, que sustituyó al presidente tras el golpe parlamentario del pasado 22 de junio. “Esto se hace para favorecer a Chávez en las elecciones”, sugirió en alusión a los comicios del 7 de octubre próximo.
Paraguay no goza de voz ni voto en el bloque tras su suspensión hasta tanto surja un gobierno democrático. Es, en esencia, otro rasgo de este nuevo Mercosur que por primera vez enarboló el Protocolo de Montevideo (Ushuaia II) en defensa de la democracia. Para Ventura, una decisión que recuerda las sanciones de Bruselas contra la Austria xenófoba de 2000. “En los dos casos se dio una señal clara de la incompatibilidad de ciertas opciones políticas nacionales con los procesos de integración. En Austria no hubo un golpe de Estado, sino la ascensión de un partido de extrema derecha liderado por Jörg Haider. La comunidad europea sostuvo que no mantendría contactos con ningún gobierno que la integrara. En el Mercosur, la suspensión del Paraguay fue la respuesta a la ruptura de un pacto”, afirmó la científica brasileña.
Como ex canciller del dirigente paraguayo Juan Carlos Wasmosy, el abogado José Moreno Ruffinelli disintió: “El Mercosur suspende al Paraguay basado en que es ‘un golpe de Estado’ a Lugo porque no se le dio oportunidad de defensa, lo cual viola el principio del debido proceso. Sin embargo, incumple el artículo 4º del Protocolo de Ushuaia, que obliga a los Estados parte, antes de tomar decisión alguna, a consultar con el Estado afectado. Nunca se hizo”, cuestionó ante Caras y Caretas. Asunción apeló al Tribunal Permanente de Revisión pero el órgano rechazó su presentación porque no se habían agotado aún las instancias previas en materia de controversias.
“Lejos de decretar su defunción, esta decisión fortalece los binomios estructurantes del proceso de integración regional: integración-democracia, integración-paz e integración-soberanía (política y económica). El Mercosur ya ha sobrepasado varios pronósticos de crisis y ha salido con nuevas propuestas de cada uno de ellos. Los procesos de este tipo han demostrado en América del Sur que no mueren; se transforman, caen en desuso, pero no mueren. Y el momento actual brinda la oportunidad de avanzar en la reflexión sobre una arquitectura que despoje al bloque de los resabios del regionalismo comercial de los 90”, sostuvo Perrotta. Una apuesta a consolidar el Mercosur del único modo posible: con más Mercosur.
Por Mariano Beldyk